“Non fecit taliter omni nationi”

Desde el cielo una hermosa mañana…

Nuestra Santísima Madre, se digno a aparecer al indio de raza de nación española americana y mejicano de reino. Y fue como, mucho se ha dicho, el fin de las tinieblas de la división y el tiro de gracia al paganismo y la idolatría.

Pero la Vírgen de Guadalupe no se apareció en 1325, fecha de la fundación de la antingua ciudad de Tenochtitlan, ni mucho menos el 27 de septiembre de 1821, fecha de la secesión de la Patria y la invención del “Estado Mexicano”; (ave de mal agüero se hubiera convertido de haberse presentado en esas fechas) no, Nuestra Señora, la misma Virgen de la Victoria de Lepanto, del Pilar de Zaragoza, lo hizo  el 12 de diciembre de 1531, organizado ya el Virreinato, anunciando 300 años maś de esplandor para estas tierras, confirmando las sabias Leyes de Indias y el labor inestimable de los misioneros.

“No hizo cosa igual con otra nación” palabras de las Sagradas Escrituras que Benedicto XIV pronunció al aprobar el patronato de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Hispanoamérica en 1754, pero no se entienda aquí nación en el sentido moderno, el Pontífice no se refiere a la nación revolucionaria, la nación moderna artificial absorbida por el antes mencionado “estado mexicano” sino la nación cultural orientada por la comunidad política natural hispánica y lejos del contractualismo actual en palabras de Miguel Ayuso.

La imagen santa de Nuestra Señora presentada en la bandera de los cristeros usada como reivindicación de la defensa de la Fe y la Santa Iglesia: «Regina Martyrum» de tantos, pero también para reivindicarla del uso maquiavélico de la Revolución del cura Hidalgo. Es sin embargo de notarse que el movimiento cristero no se identificó con ningún partido ni movimiento político, ni siquiera con el vasconcelismo que parecía ser el más católico de todos, está claro sin embargo que no fue tampoco que careciera de dirección, pues Anacleto González Flores se dio cuenta del camino a seguir en toda lucha mejicana:

“Nuestra vocación, tradicionalmente, históricamente, espiritualmente, religiosamente, políticamente, es la vocación de España, porque de tal manera se anudaron nuestra sangre y nuestro espíritu con la carne, con la sangre, con el espíritu de España, que desde el día en que se fundaron los pueblos hispánoamericanos, desde ese día quedaron para siempre anudados nuestros destinos con los de España. Y en seguir la ruta abierta de la vocación de España, está el secreto de nuestra fuerza, de nuestras victorias y de nuestra prosperidad como pueblo y como raza.”

Esta claro pues, que nuestros esfuerzos se encaminen siempre a la Segunda Reconquista Hispánica cómo única vía política, social y cultural deshechando desviaciones revolucionarias de todo tipo.
Que en esta fiesta, mayor en el reino novohispano al conmemorar las apariciones milagrosas de María Santísima de Guadalupe patrona mayor de la Nueva España y de los demás reinos de las Américas, encomendamos muy especialmente en nuestras oraciones a Nuestra Señora, a nuestro legítimo soberano y católico señor Rey legítimo de las Españas y de las Indias, Tlatoani e Inca católico soberano de dos mundos y abanderado de la Tradición SAR Don Sixto Enrique de Borbón-Parma, a quien Dios guarde muchísimos años y encomendamos del mismo modo y muy humildemente al amparo de Nuestra Señora la reunificación de las Españas de ambos lados del mar del oceáno. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Santísima de Guadalupe! ¡Viva España! ¡Viva la Nueva España! ¡Viva el Rey legítimo!

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