El “trigarantismo” o la última máscara de piedad política.

1. Los hechos.

Durante el trienio liberal (1820-1823) y con Fernando VII secuestrado por las hordas de Riego, se gesta en la capital de la Nueva España por el Canónigo Matías de Monteagudo en las llamadas “Juntas de la Profesa” (en un inicio): una reacción a una posible instauración de la Constitución gaditana en la Nueva España, pero después se deja ver que el germen secesionista ya está inoculado en las mentes de los criollos tal como nos dice Louvier Calderón:

“El llamado Plan de la Profesa, de hecho, se redujo a establecer las condiciones básicas para hacer realidad la independencia. Estas condiciones fueron: independizarse del gobierno de Madrid y de las Cortes; reconocer a Fernando VII como rey de la Nueva España, (…). Tal plan no debía ser realizado por eclesiásticos sino por militares, por lo que convocaron a Agustín para que lo llevase a cabo.
Si bien Iturbide había combatido a los insurgentes, era también conocida por muchos su simpatía por la independencia de México, pues dada la situación de España, la veía como un gran bien, aunque nunca estuvo de acuerdo con el completo desorden y el sistema atroz de los insurgentes”.
«Historia Política de México» Louvier Calderón.

Considerando que Agustín de Iturbide era simpatizante de la independencia, pero no estaba en contra del liberalismo (constatado por el hecho de su retiro del ejército en 1816 y que no movilizó ni un solo hombre ante la invasión del liberal Francisco Javier Mina un año después), sino por sus efectos caóticos; por lo que vio en la usurpación del poder en la Península una oportunidad para sus fines. Esto lo expone el menos indulgente hacia el caudillo Iturbide, José Vasconcelos:

“En la conspiración de la Profesa tomaron parte clérigos prominentes de la indicada Iglesia y de otras de la capital, y personajes influyentes. No sospecharon, sin duda, que el tipo de gobernante que creaban para México, el caudillo arbitrario y sin ley, se les escaparía pronto de las manos y haría de la casta que lo creaba una de las primeras víctimas. Todo en la conspiración iturbidista huele a hipocresía. El matón sin honra que era Iturbide se finge piadoso, asiste a unos ejercicios espirituales en la Profesa y sale de allí absuelto de crímenes, listo para cometer otros nuevos. Con engaños obtiene del Virrey la comandancia del sur, donde había rebeldes. Elige Iturbide buenas tropas con el pretexto de que va a batir a Guerrero. Quiere, expresa al Virrey “cooperar a la gloria de que en breve tiempo se viese pacífico todo el Reino”.
«Breve Historia de México» José Vasconcelos.

2. La sustitución de trilemas.

Una vez triunfada la Revolución de Iguala, y con la sustitución del trilema: “Dios, Patria, Rey” que vivificó durante trescientos años al Virreinato de la Nueva España, se gestaba a su vez una máscara, ya no de personas como las que usó Hidalgo de Fernando VII en 1810 o la de Suárez; la que proponía Iturbide, más peligrosa aún, porque va en contra de las palabras, para adulterarlas y vaciarlas de su significado es una máscara de piedad política católica, que ocultaba una confusa y contradictoria e inoperante realidad en la práctica (como se constató con el bodrio de su “coronación” y la brevedad de su “imperio”):

A. “Religión”

No fue pues, la Religión Católica la primicia y la que le da legitimidad y sustento a su “imperio”, (quizá lo fue a nivel de conciencias individuales), o subordinada a la nueva creación de “Estado-nación” típico artificio bodinista de origen protestante. Además, se suma la destrucción al Bien común acumulado como lo expone fielmente José Antonio Ullate:

“Tan subvertidos estaban los criterios, que hasta los «trigarantistas» llegan a plantearse ofrecer el trono de México al denostado Fernando VII. A condición de negar el bien común acumulado, se está dispuesto incluso a entronizar al máximo responsable de la decadencia del bien común actual: muera la patria y viva el mal gobierno. Absolutismo y liberalismo, (…), por encima de sus palpables diferencias, están íntimamente identificados en su rechazo de la doctrina política católica.”

«Españoles que no pudieron serlo» José Antonio Ullate.

Además de los principios no católicos en los que se asienta su gobierno, está el desdén al Magisterio de la Iglesia en las recomendaciones de Pío VII en la Encíclica Etsi longissimo terrarum por lo que la más católica de las reacciones, habría sido enfocar los recursos en libertar fielmente al Rey como hizo Francia con la expedición de los cien mil hijos de San Luis, bajo el mando del Duque de Angulema.

3. La incompatibilidad entre “Independencia-Unión”.

Durante la instauración del “Primer Imperio Mexicano” bajo el nuevo lema: “Religión, Unión e independencia”, falta por constatar la adecuación o la in-adecuación de los dos últimos lemas. Si la Religión (políticamente hablando) no era la regidora de las otras dos garantías, debía de existir un sustituto que uniera a las dos facciones y no sólo justificara, sino legitimara la nueva creación iturbidista, volvemos a citar a Ullate quien nos da una pista sobre el nuevo sustento sustituto de la Religión que se estaba gestando:

“Doble fue el engaño de los libertadores a los pobladores de América. El primero de orden moral: apelar a naciones que no existían; y otro, mucho más grave, de orden político: utilizar esas ficticias naciones como justificante de la creación de Estados (…)
Políticamente todos los movimientos independentistas son nacionalistas. El nacionalismo es una doctrina racionalista que se difunde a partir de las revoluciones americanas y francesa, en franca oposición a la concepción tradicional y católica de la política y del orden social. La «nación» en este contexto es un concepto idealista y romántico. Como dice Miguel Ayuso, el nacionalismo surge «de la exasperación de ese concepto de nación, concebida al modo jacobino, y del agregado filosófico formado por la concepción bodiniana del poder soberano y su ulterior identificación con la voluntad general rousseauniana»

El nacionalismo es pues quien viene a sustituir la provisional garantía de “Religión”, constatado históricamente cuando observamos que la población al principio se unió a Iturbide y lo respaldó hasta el final en la “consumación de la independencia”, pero una vez lograda, mientras Iturbide escuchaba toda suerte de elogios exagerados, los criollos y liberales (atizados por la masonería en sus dos logias) preparaban la arremetida contra el fetiche improvisado.

Bandera Trigarante

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