Los Regimientos de las Órdenes militares (parte 3 de 3)

La llegada a la Nueva España.

Terminada la guerra en 1814, y hechos los licenciamientos, se acantona el Regimiento de las Ordenes militares en Algeciras, reducido a un batallón de 822 hombres.
En este mismo año se completa con dos batallones más, formados con los prisioneros procedentes de los depósitos de Francia, tomando la fuerza que faltaba de la reserva de Andalucía; dióse el mando del Regimiento al Coronel D. Francisco Javier de Llanos; nombrando Teniente Coronel a D. Vicente Patiño, y primeros Comandantes a D. Gregorio Arana y D. Blas del Castillo y Lema; así organizado, se embarcó en 1815 en Cádiz para reforzar el ejército de Nueva España, tomando el nombre de Veterano de Ordenes Militares, por formarse otro con el mismo nombre, apellidado el Gemelo, para la Península, bajo el mando del Coronel D. Juan Tadeo y Rojo; el primer batallón se formó con gente del Regimiento de Santiago; el segundo con el de Mondoñedo, y, finalmente el tercero, con la de cansados de Galicia; una vez constituido, cubre diferentes puntos del Distrito militar de Castilla la Vieja.
El Veterano se hizo a la vela el 15 de Abril, arribando el 13 de Junio a Veracruz; apenas desembarcado marcha a Jalapa, sosteniendo en la Antigua una reñida acción con los insurgentes que le disputan el paso; vence este obstáculo, y el 19 el del Plan del Río; el 24 de Julio pelea en la conquista del Puente del Rey, dispersando al enemigo, y lo mismo hace el 26 en la de San Juan; llega a Jalapa, queda allí la Plana Mayor, y se divide el Regimiento en columnas volantes, para perseguir a los sublevados, que bate en Sal-si-puedes y Llanos de Santa Fe el 3 de Agosto; al siguiente día toma por segunda vez Puente del Rey, que estaba fortificado; en los dos días que siguen, se abre paso a la bayoneta para arrojar al enemigo de los desfiladeros del paso de Gallinas y del Manantial; continúan en los otros dos días escarmentando al enemigo en la acción del Boquerón y paso de la Oveja; marchan sin perder momento al distrito de Acasónica, y el 11, de vuelta de la expedición, baten al enemigo en Puente del Rey, por tercera vez, desconcertándole completamente con tan tenaz persecución; en 18 de Septiembre vuelven a encontrar a los sublevados en las cumbres de Alcuncingo, y los destrozan, y lo mismo en el encuentro del 29 en Santa María de Tlacocula y en el Rancho Nuevo el 28 de Noviembre.
El 6 de Diciembre, por cuarta vez, toma por asalto al importante punto de Puente del Rey, que los insurgentes habían fortificado nuevamente, sosteniendo la reñida y sangrienta acción de la Batalla de Chipila.
Atravesando los desiertos caen sobre Acasónica el 20 de Febrero de 1816, sorprendiendo al enemigo en el Carrascal, que incendian al día siguiente; el 7 de Marzo lo derrotan en las cumbres de Alcuncingo, y al siguiente día en Santa María de Chalchicomula, y haciendo una expedición al Rancho de San Carlos, baten y dispersan a los revoltosos, apoderándose de su artillería; el 7 de Abril, al mando del Comandante del segundo batallón D. Blas del Castillo y Luna, los atacan en los Órganos, vuelven sobre Acasónica, pelean bravamente el 12 en Rancho Nuevo y se vuelven a Jalapa, para tomar por quinta y última vez a Puente del Rey el 17; acometen al enemigo en el Paso del Macho el 9 de Mayo, le dispersan en Chichiguite y se apoderan de todos sus atrincheramientos en los días 13 y 14.
Campaña tan activa merecía descanso, y con este objeto es destinado de guarnición a Méjico, exceptuando al tercer batallón, que mandaba el Teniente Coronel D. Vicente Patiño, que quedó en Jalapa; pero sucedió que tropas tan aguerridas y de confianza no podían menos de estar empleadas a cada momento, y tuvieron que salir de Méjico, acompañando a Veracruz a un correo importante; el Gobernador de esta plaza, que sabía debía llegar pronto el nuevo Virrey, las hizo aguardar para que le acompañaran a la capital; al volver, en el camino, tuvo encuentros que salvó con su valor reconocido, tanto en Juanicoluco el 27 de Agosto, como en San Juan de los Llanos el 9 de Septiembre; una vez en Méjico de guarnición, tiene que salir el segundo batallón, al mando de su Comandante Castillo y Lema, el 2 de Junio, en dirección de Ituasteca al encuentro de Mina, el joven, que con algunos extranjeros aparece en Nueva España, fugado de la Península, para ponerse a la cabeza de los sublevados y luchar contra los de su patria; los de Ordenes le persiguen y no le dejan organizar sus fuerzas; mientras tanto, una compañía del primer batallón sale a sitiar el fuerte de Capora y le obliga a rendirse el 1º de Diciembre, por cuyo hecho de armas se le concede un escudo de distinción.
En 1820, trasladado el primer batallón a la demarcación de Temascaltepec, bate y persigue constantemente al enemigo, lo mismo al cabecilla Pedro Asensio y Alquisiras, en los llanos de Santa Rita de la Goleta, en 4 y 8 de Febrero, causándole 56 muertos y cogiéndole muchos efectos y armamentos, como el 31 de Mayo al apóstata padre Izquierdo, desalojándole de la posición de las Mesas del Sirial, concluyendo el 20 de Junio por tomar por asalto los atrincheramientos del cerro de San Vicente.
La guerra tomó grandísimas proporciones en 1821, por haber proclamado en el pueblo de Iguala la independencia del antiguo imperio de los Moctezumas el Coronel D. Agustín Iturbide; era éste natural de Valladolid de Méjico, donde nació en 1784; a los 17 años entró a servir en clase de voluntario en el Regimiento de milicias de su país; ya Oficial, había llamado la atención por haberse negado a tomar parte en las sublevaciones contra España; llegó, por lo tanto, a tener influencia en el ejército, sin haberla perdido entre la gente del país; no se le concede, sin embargo, gran talento ni tacto político.
El Regimiento de Ordenes eleva espontáneamente una exposición al Virrey, prometiendo constante lealtad a España, acreditando con esto su sobrenombre de Defensor de la fe y la ley, compañías, al mando del Capitán D. Ramón Domínguez, dan prueba de ello, batiendo al enemigo, capitaneado por los cabecillas Herrera, Bravo y Osorio, en las gloriosas jornadas del 22, 23 y 24 de Abril sobre la villa de Tepeaca; en ellas son heridos los Tenientes D. Ramón Hernando y D. Andrés Aramburo, recompensados con un escudo de distinción con el lema: por la integridad de las Españas, año 1821; este escudo se colocaba en el antebrazo.
El 12 de Mayo entra Ordenes en Orizaba, de donde sale el 15 para desalojar a los que guardaban el fuerte de Villegas y poner sitio a Córdoba; el 16 rompe el fuego nuestra artillería y fusilería, enardeciendo a nuestros soldados, que rechazan una salida de la plaza el 18, pero muere el Coronel Hevía, que mandaba nuestras tropas, y el que le sustituye cree conveniente levantar el sitio para hacer frente a Iturbide.
Organizado el ejército español, pasa Ordenes en Julio a formar parte de las división de vanguardia. mandada por el Mariscal de Campo D. Pascual Liñán, con lo cual cubre a la ciudad de Méjico; toma parte en la acción, Eztapuzalco el 19 de Agosto contra Iturbide, que estaba al frente de un ejército considerable, y al día siguiente, Ordenes, con su Coronel al frente de Francisco Javier Llamas, socorre a Lerena, y el 22 a su división, atacada por Iturbide, humillando su osadía.
Bloqueado Méjico desde el 3 de septiembre, el nuevo Virrey, Teniente General D. Juan O’Donojú, firma una capitulación deshonrosa el 24 de Septiembre, y Ordenes sale de Méjico, donde había acudido para su defensa, sosteniendo para lograrlo los ataques de Guadalupe en los días 26, 29 y 30 de Agosto, para acantonarse en la ciudad de Toluca y embarcarse para la Península.
El 13 de Agosto de 1521, Hernán Cortés, Caballero del hábito de Santiago, conquistador de Nueva España, al frente de sus soldados, entra por primera vez en la ciudad de Méjico; en 1821, a los tres siglos justos, salen de ella los soldados de las Ordenes militares ¿para siempre? Sólo Dios sabe; nadie podía figurarse entonces que a los 40 años tomasen posesión las tropas españolas al mando del General Gasset, de la ciudad de Veracruz y castillo de San Juan de Ulúa, abandonados por los mejicanos, y que en ellos volviese a ondear el pabellón español.
El rebelde Iturbide hizo su entrada triunfal en Méjico el 27 de septiembre de 1821, el mismo día que cumplía 38 años; siete meses había durado la campaña iniciada el 24 de febrero por la proclama que dio en Iguala y grandemente favorecida la insurrección por los acontecimientos políticos de la Península; el 21 de Mayo de 1822 fue proclamado emperador con el nombre de Agustín I, por el Congreso constituyente, impulsado por la plebe y el ejército, pero no fue tan largo su reinado; cayó a los diez meses de un modo idéntico al que él empleó para derribar al Virrey de España; destituido y desterrado, tuvo que refugiarse en Italia, en una posesión que compró en Liorna; no contentándose con su suerte, intentó reconquistar el imperio perdido, y se fue a Londres, donde el 11 de Mayo de 1824 se embarcó para Méjico; no bien saltó en tierra en Soto-la Marina, que fue reconocido, a pesar de su disfraz, y entregado a la Junta de San Antonio de Padilla, que le mandó fusilar el 19 de Julio, a los cuatro días de haber pisado el territorio mejicano, cumpliéndose el vaticinio del Regente de la Audiencia, Bataller, cuando dijo a Iturbide que no veía seguridad ninguna en lo establecido, y contestando por éste que respondía con su cabeza, replicó: “¿La cabeza de usted? ¡Triste seguridad! es la primera que tiene que caer en este país.” Tampoco Méjico puede lisonjearse mucho con haberse llamado independiente de su madre patria.
Habiendo mandado Iturbide el desarme de las tropas españolas, después de diseminarlas, el Regimiento de Ordenes se negó a entregar voluntariamente las armas, por lo cual se encargó su ejecución a una división mandada por el General D. Antonio Bustamante; éste encontró al Regimiento en el camino de Juchi el 13 de Abril, y no pudo hacerle prisionero y desarmarle sino después de consumir el último cartucho, y de una vigorosa defensa a la bayoneta; llevados los prisioneros a la capital, se les instruye causa por su rebeldía, según los insurgentes, empeñándose el Congreso que fueran todos fusilados, y no se verificó porque el Coronel D. Manuel Mier y Terán, Diputado por la provincia de Chiapas, manifestó que los prisioneros pertenecían al Regimiento de las Ordenes militares, que no se había ligado con ningún juramento de fidelidad al imperio, ni capitulado, pues salió de la ciudad de Méjico, que defendió y guarneció, por una orden de su General el Virrey O’Donojú; pero continuaron presos hasta que en celebridad del advenimiento del trono de Iturbide hicieron una exposición al Congreso los Regimientos primero y segundo de infantería y primero de caballería, que apoyó el nuevo Emperador, pidiendo su libertad, a la cual accedió el Congreso, y en 11 de Junio se dispuso su marcha por destacamentos al puerto de Veracruz, donde se embarcó el 20 para la Habana, y de allí para Cádiz, a donde llegó el 7 de Agosto, en cuadro, pero cubierto de gloria.

Tomado del libro: “Las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Su origen organización y estado actual”. Ángel Álvarez de Araujo y Cuellar. pp. 201-206.

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